Maria Cristina Pascerini su RESTIFO, Giuseppe: Capizzi fra Tre e Seicento in un mondo mediterraneo di tensioni, Gioiosa Marea, Pungitopo Editrice, 2022
di Maria Cristina Pascerini -
En este interesante volumen titulado Capizzi fra Tre e Seicento in un mondo mediterraneo di tensioni, Giuseppe Restifo, su autor, se centra en la historia y cultura de Capizzi, una localidad del interior de la provincia de Mesina situada en los montes Nebrodi, principalmente para las épocas que transcurren desde la Baja Edad Media hasta finales del siglo XVI.
El libro se articula en seis capítulos, en los que el autor entrelaza la exposición de los acontecimientos de la historia de Capizzi más relevantes con el estudio de sus rasgos culturales y antropológicos más reseñables. En el capítulo 1, Restifo expone la historia de Capizzi entre los siglos XIV y XV. En el capítulo 2, trata de la especificidad de Capizzi como localidad de montaña. En el capítulo 3, destaca la especial devoción de Capizzi por Santiago, para centrarse en el capítulo 4 en la historia de la reliquia de Santiago y de su santuario en Capizzi. En el capítulo 5, profundiza en la historia de Capizzi en el siglo XVI. Finalmente, en el capítulo 6, se ocupa de los señores genoveses de Capizzi y de las vicisitudes del castillo de la localidad.
Restifo considera la primera fecha reseñable en la historia de Capizzi la de 1337, año en el que el rey Pedro II de Sicilia, en el volumen llamado Pedro II de Aragón según la denominación que la dinastía aragonesa adquiere en Sicilia, visitó la localidad y se hospedó en su castillo. En 1340, tres años después, este rey concedió a Capizzi la celebración de una feria que tendría lugar cada año en el mes de julio coincidiendo con la festividad de Santiago.
La segunda fecha que el autor pone de relieve es la de 1426, pues en este año Sancho de Heredia llevó a la iglesia de Santiago de Capizzi unas reliquias entre las que se encontraban las de este santo. Aunque unos años después éstas fueron entregadas a la Archidiócesis de Mesina en su gran mayoría, un fragmento que quedó en Capizzi favoreció que se desarrollara una gran devoción por Santiago en esta localidad y que quizás ésta se convirtiera en meta de peregrinaciones. En 1497 aquí se fundó además la cofradía de Santiago en el día de la fiesta del santo.
Restifo hace hincapié en el esfuerzo de Capizzi por convertirse de territorio feudal en demanio con prerrogativas de autogobierno reconocidas por el rey, recordando al respecto la importancia de los Capitula aprobados por el rey Alfonso V de Aragón el 1 de febrero de 1448, que se reproducen al final del volumen. El autor también destaca la defensa del uso de los pastos que hubo en la localidad, puesto que buena parte de la economía de la zona se basaba en la ganadería. Este uso no solo fue mencionado por el rey Alfonso en un privilegio del 16 de mayo de 1449, sino que fue revindicado en los años siguientes por los habitantes de Capizzi, que en 1453, en defensa de sus derechos de trashumancia sin pagar peajes a los feudatarios, explicaron al rey que en invierno tenían la costumbre de marchar con su ganado de la montaña a la costa. 386
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Restifo también menciona el vínculo que unía a las localidades de Capizzi y Mistretta por cuestiones de pastos y bosques, y que las necesidades económicas del rey llevaron a éste a alienar algunos demanios, aunque Capizzi consiguió rescatar sus tierras. El Parlamento siciliano solicitó en más de una ocasión que no se realizaran más alienaciones de esta clase de territorios, y Mistretta y Capizzi obtuvieron en 1481 una confirmación del rey Fernando sobre la inalienabilidad de sus tierras, entrando al año siguiente a formar parte del patrimonio real. Cuando en 1543 Carlos V quiso conceder a Antonio Branciforte el señorío sobre Capizzi, se encontró con las protestas de sus habitantes, que hicieron referencia a las prerrogativas concedidas en 1448. El emperador confirmó entonces, con una Real Carta escrita desde Gante a finales de 1544, los privilegios de la localidad, y al año siguiente ésta volvió a su condición de demanio dentro del patrimonio real en la que permaneció hasta principios del siglo XVII.
El autor destaca también la peculiaridad del territorio de la localidad de Capizzi, situada en los montes Nebrodi. La montaña ofrece aquí mucho bosque, cuya madera se utilizaba para la producción de carbón vegetal o para la construcción, incluso la naval. Restifo señala que, después de la gran epidemia de peste de 1348, los cultivos fueron expandiéndose, y con ello aumentaron las preocupaciones propias de la vida agrícola de los capitini, es decir de los habitantes de Capizzi, que invocaban a Santiago para que protegiera los cultivos. La montaña ofrecía además un bien singular, la nieve, cuyo aprovisionamiento había de ser asegurado. El autor menciona al respecto un documento de 1619, en el que el virrey se ocupaba de la protección de su trasporte hasta Palermo. Gracias a las neveras, que podían ser grutas o pozos de nieve, y que también existían en otras localidades de Sicilia como la de Trecastagni situada en las laderas del Etna, en Capizzi se podía consumir la granita, es decir el granizado de limón con ocasión de celebraciones veraniegas como la fiesta de Santiago.
Restifo destaca que la historia de Capizzi no se puede entender si no se considera su profunda vinculación con Santiago, cuya devoción sigue estando muy presente entre los capitini, que guardan historias legendarias sobre peregrinaciones hasta Santiago de Compostela y sobre la figura del santo como psicopompo, es decir como protector y acompañador de las almas en el más allá hasta el Paraíso. En el mismo Capizzi se realiza una especial peregrinación por las calles de la ciudad en las tardes del mes que precede a la fiesta de Santiago para encomendarse al final a la protección del santo, cuya estatua le representa sentado, con la mano derecha en acto de bendecir, con el Evangelio en la mano izquierda, y con capa y sombrero de peregrino. Restifo señala también la devoción de los capitini hacia otros santos, como el santo patrón san Nicolás, san Antonio de Padua, san Antonio Abad, o el culto mariano atestiguado por la iglesia de la Madonna delle Grazie, pero subraya el especial vínculo que une a Capizzi con Santiago, y que fue favorecido durante el dominio de la casa de Aragón.
El autor explica que la devoción por Santiago estaba presente en Sicilia ya en época bizantina, y que se difundió después de la conquista normanda, pues entre los siglos XII y XIII hubo iglesias dedicadas a Santiago en varias localidades de la isla. En Capizzi un santuario de Santiago adquirió cierta relevancia en 1224, cuando su prior entró a formar parte de la jerarquía de las abadías de la Tierra Santa en Sicilia.
Sin embargo, la devoción por Santiago tuvo especial empuje en Capizzi gracias a la corona de Aragón, pues el rey Federico III y su hijo Pedro II de Sicilia promovieron 387
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aquí la construcción de la iglesia de Santiago, empezando una larga contienda con la iglesia de San Nicolás por adquirir el madriciato, es decir la dignidad de Iglesia Madre, que finalmente se resolvió a favor de San Nicolás en 1771 con la publicación de las normas tituladas Istruzioni per il Regolamento delle Chiese e del Clero di Capizzi.
Restifo destaca que un dedo de Santiago el Mayor estaba entre las reliquias que Sancho de Heredia presentó a principios de enero de 1426 a Ruggero Bellomo, obispo de Siracusa, quien concedió cuarenta días de indulgencia a quien las venerara donde Sancho quisiera depositarlas, recordando que un pergamino de la indulgencia se encuentra en el Santuario de Santiago en Capizzi, a cuya iglesia llevó Sancho las reliquias.
El autor subraya que Sancho de Heredia era una figura de cierto relieve, pues Alfonso el Magnánimo le había nombrado provisor castrorum, es decir supervisor de los castillos reales de Sicilia, cuyo cargo daba acceso al Consejo del rey, y que era sobrino de Juan de Heredia, prior y gobernador en Mesina de la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén. Hacia finales de enero de 1426 Sancho recibió del arzobispo de Mesina el patronato de la iglesia de Santa María del Piano en territorio de Capizzi, con la obligación de favorecer el culto y mantenerla con los ingresos derivados de las tierras que el beneficio incluía. En octubre del mismo año fue nombrado capitán de Capizzi por el rey Alfonso. En 1430, por sus compromisos como provisor, Sancho cedió a Capizzi el mencionado beneficio, y homenajeó a la iglesia de San Nicolás con la donación de un ostensorio de plata.
Mientras tanto, la iglesia de Santiago, gracias a las reliquias, se había convertido en un renombrado santuario donde acudían fieles desde toda Sicilia, por lo que el 3 de noviembre de 1428 el rey Alfonso y su esposa María pidieron al papa que concediera 1100 días de indulgencia a quienes, “paenitentibus et confessis”, lo visitaran en determinadas fechas venerando la reliquias. La bula papal con la concesión de la indulgencia, cuyo original se conserva en el Archivo Secreto Vaticano, fue preparada por Martín V, pero promulgada el 11 de marzo de 1431 por Eugenio IV, su sucesor.
Restifo señala que el año de 1432 no solo marca un nuevo esfuerzo de Alfonso por consolidar su poder en el Mediterráneo, sino también un especial interés del rey para reforzar su consenso en la isla. Posiblemente a la luz de esta doble instancia ha de entenderse el encargo que Alfonso dio a Sancho de Heredia el 12 de octubre de ese mismo año, de trasladar las reliquias de Capizzi a otra iglesia de Sicilia que Sancho considerara adecuada. El Archivo del Capítulo de la catedral de Mesina conserva el acta de la donación firmada por el rey Alfonso de Aragón y Sicilia el 28 de marzo de 1435, y cuya memoria permanece en la obra Messina Città nobilissima (Venezia, 1606) de Giuseppe Buonfiglio e Costanzo, y en el segundo tomo de los Annali della città di Messina (1758) de Cayo Domenico Gallo.
En Capizzi quedaron unos fragmentos de las preciadas reliquias, que se depositaron en la Iglesia Madre en un soporte de plata, aunque se reservó a la iglesia de Santiago el derecho de exponerlas. Posiblemente no faltaron las protestas de los capitini por el traslado de las reliquias a Mesina, y puede que precisamente para compensarles a principios del siglo XVII se les concediera llevar a cabo en Capizzi la procesión de Santiago, en una modalidad todavía vigente. Algunos documentos y testimonios de estudiosos, como por ejemplo el de Nicola Larcan e Lanza, quien fue 388
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el primer cronista de Capizzi, refieren que en la localidad se encontraba también un hospital de peregrinos, pero falta documentación que pruebe la existencia de antiguos peregrinajes para venerar al santo.
Restifo hace luego hincapié en la crisis que atenazó Capizzi en el último cuarto del siglo XVI: a la peste, que había aparecido en Mesina y Palermo en 1575, y que se documentó un año después en Capizzi, se añadió en 1590 una gran carestía. A ello siguieron unos años de gran sequía entre 1591 y 1596. Después llegó una epidemia de tifus. El autor recuerda que, después de la epidemia de 1575, se completaron las obras para ampliar y embellecer la iglesia de Santiago, que se convirtió en un admirable santuario. En 1594 Antonio Lombardo, arzobispo de Mesina, redactó unas Relationes ad limina sobre la situación y el patrimonio religioso de Capizzi. Entre los detalles destacados por Restifo, se encuentran la existencia en la localidad de dos beneficios, es decir el de la abadía de S. María, y el del monasterio de S. Benedicto, cuyo abad en 1641 sería Filippo Gullo, doctor en Teología por la Universidad de Salamanca y hombre apasionado por la Astronomía, que dejaría varias notas científicas, y la compunción del monseñor por la rivalidad entre la iglesia de Santiago y la de San Nicolás por el madriciato. Otros documentos de la época muestran en cambio la contribución de Capizzi para el rescate de los sicilianos esclavos en Berbería a finales del siglo XVI.
Capizzi mantuvo la condición de demanio dentro del patrimonio real hasta 1630, año en que el territorio fue cedido, por las necesidades de liquidez de la Corona, al genovés Gregorio Castellli, conde de Gagliano. Éste consiguió para su hijo Lancellotto, quien heredaría el título de marqués de Capizzi, otros nombramientos adquiridos también gracias a la asistencia financiera a Felipe IV: en 1635 Lancellotto fue nombrado caballero de Santiago, mientras que en 1638 se convirtió en maestro racional en el Tribunal del Real Patrimonio. El marquesado y la tierra de Capizzi pertenecieron a la familia Castelli hasta finales del siglo XVIII.
Finalmente Restifo menciona la posible etimología de Capizzi, localidad situada alrededor del monte Verna, cuya forma recuerda una caperuza, y que durante la dominación árabe se levantó allí un castillo a modo de fortaleza. En época normanda el castillo posiblemente asumió las características funciones feudales para el control del territorio, y tuvo uno o varios pasajes subterráneos. Bajo el dominio de Federico II Hohenstaufen, después de la rebelión de 1232, Capizzi fue casi destruida y sus habitantes obligados a mudarse a Palermo. Hacia finales del siglo XIII la localidad volvió a poblarse, y su castillo llegó a hospedar, en el siglo siguiente, a Pedro II de Sicilia. Esta construcción con el tiempo perdió su importancia estratégica y fue abandonada, hasta el punto que Gregorio Bravo de Sotomayor, después de una visita en 1582, recomendó su conversión en casa llana.
A mediados del siglo XIX todavía podían observarse algunos restos del castillo, que apenas resultaban visibles a principios del siglo XX. Sin embargo, su memoria y la de su ilustre huésped quedan en el desfile del Real Vessillo, es decir del estandarte aragonés, que se celebra cada 22 de julio hacia la zona de Capizzi donde antiguamente se erigía el castillo. Este cortejo pretende recordar la concesión de la feria que en 1340 Pedro II de Sicilia hizo a la ciudad para la festividad de Santiago, y es interpretado por
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Restifo como marca fuertemente identitaria de una comunidad que cobra vida a partir de la reinterpretación de sus tradiciones.